domingo, 20 de julio de 2014

BLOG: Miripopins

¿Quién dijo que cocinar era aburrido?

Os recomiendo este blog que con mucho cariño ha iniciado Miriam, una mamá de gemelos que se divierte cocinando y quiere compartir con todos nosotros sus originales recetas. Seguro que siguiendo su blog encontráis más de una idea para que vuestro múltiples se queden fascinados a la hora de comer.

http://miripopins.blogspot.com.es/


martes, 24 de junio de 2014

BLOG: vientre para tres

Ana es una afortunada mamá de dos niños que está embarazada de trillizos mono-mono, algo totalmente excepcional y único, es decir, va a tener ¡¡ tres gemelos !! 

Le deseamos mucha suerte con su embarazo y también con su blog VIENTRE PARA TRES donde nos va a contar sus vivencias día a día.

Además le agradecemos mucho que hable de nuestro grupo PARTOS MULTIPLES, UNA LOCURA MARAVILLOSA de facebook y nos alegramos de que haya encontrado en él respuestas, amigas, y un lugar donde compartir.






Lo normal es que los trillizos procedan de tres embriones diferentes, y también es bastante común que procedan de dos embriones y que uno de ellos se haya dividido, es decir dos gemelos + 1 mellizo de ellos, pero los casos de trillizos monocoriales monoamnióticos son muy poco frecuentes, ya que un mismo embrión tiene que dividirse y uno de ellos dividirse de nuevo.


Más casos de trillizos idénticos:

En 1999 nacían en la clínica Quirón de Barcelona Josep, Genís y Salvador, trillizos idénticos gestados en bolsas diferentes. Según dicen las noticias, era el segundo caso en todo el mundo.
 En 2007 nacían an Austria Amy, Kim y Zoe

Cuatrillizas idénticas:

En 2002 nacían Audreana, Natalie, Melody y Preana en California

En 2007 nacían las cuatrillizas Autumn, Brook, Calissa y Dalia en Canadá

Quintillizas idénticas:

Annette, Cecile, Marie, Yvonne and Emilie nacieron el 28 de Mayo de 1934 en Corbeil, Ontario (Canada) y fueron las primeras quintillizas idénticas que lograron sobrevivir. Su peso total fue de 10 libras y 1 1/4 onzas.


 
THE DIONNE QUINTUPLETS DOLLS & COSTUMES CUT-OUT BOOK.

lunes, 23 de junio de 2014

Mi primera fractura, chispas.




Y es que se veía venir.  Lo raro es que haya tardado tanto.  Y que no haya sido un traumatismo cráneo encefálico, sino una pequeña fractura de muñeca.  Porque mi niño lleva intentándolo desde que empezó a andar solito, recién cumplidos los 12 meses.  Saltando, trepando por cualquier sitio, haciendo piruetas imposibles y corriendo, siempre corriendo, andar es aburrido.  Si a los 17 meses se escapaba de la cuna cual pequeño Conde de Montecristo, a los 18 intentaba trepar por la librería o subía a los toboganes más altos, por supuesto por la rampa, no por la escalera, y a los dos años se tiraba corriendo por cualquier cuesta.  Mi teoría siempre ha sido que su objetivo era lograr que su madre encaneciera por completo antes de los 40, y claro, viendo que me queda menos de un mes, ha tenido que apresurarse y ha conseguido su primera escayola, chispas.

Lo irónico del asunto es que esta vez no estaba haciendo el salvaje.  Y mira que ha hecho el burro siempre, que vivo en un “ay” desde enero de 2009, y se rompe la muñeca jugando al fútbol.  De portero!! Y es que mi pequeño gladiador es un todoterreno del fútbol, lo mismo defiende con todas sus ganas (demasiadas a ratos, que un día de estos me lo expulsan de roja directa), que corre la banda y chuta a puerta con la izquierda (es un zurdo de oro), que defiende la portería con una furia y un desprecio por su integridad física que no se ha visto desde Benji Price, que ya podía tener un hombro dislocado, la rodilla rota y una conmoción cerebral, que seguía volando tras la pelota.  Y así fue, un niño que abultaba el doble que él chutó a su portería desde bastante cerca, y en su afán por detener el tiro, mi niño se lanzó y lo paró, consiguiendo de paso una pequeña fractura en su muñeca izquierda. 
Al principio pensamos que era solo la contusión, ya que no había hinchazón ni lesión visible, pero al día siguiente el niño seguía quejándose.  Visita a urgencias y diagnóstico, con la inevitable escayola durante 20 días.  Por supuesto, estuve un par de días sintiéndome muy mala madre y flagelándome por no haberme dado cuenta al instante de lo que pasaba.  Sí, lo sé, no tengo rayos X en los ojos, como me dijo mi amiga Helena, pero cuando pasan estas cosas, una entra en modo “OH Dios Mío, soy una mala madreeeeee” y no atiende a razones.

Una vez escayolado, tuvimos que acudir al día siguiente al traumatólogo.  Creo que la amable médico que nos atendió tardará en olvidarnos: primero entro, sofocada por lo 36 grados que había en Zaragoza a las 7 de la tarde y el nivel de posesión infernal del que hacían gala mis hijos, segundo, conseguimos sentarnos y asoma la cabeza por la puerta mi santa madre y abuela de las criaturas, que venía a ver a su angelito, tercero, el niño se coge un cabreo del 15 porque no le quitan ya la escayola que había llevado "un día entero, mami", sino que la tiene que llevar hasta final de mes, y por último, como guinda del pastel, salimos de la consulta, y mientras espero pacientemente a que la auxiliar en prácticas deje de pelearse con el ordenador y pueda citarme para la próxima visita, mis hijos se pelean por la botella de agua de forma que Marcos consigue tirársela por encima, empapando camiseta, pantalón, suelo y escayola. 
 
Maravilloso.  

Tuvimos que volver a la consulta, interrumpiendo a la paciente que está dentro, para preguntar a la doctora si, ejem, hay que cambiar la escayola del niño porque, ejem, se acaba de tirar medio litro de agua encima.  Afortunadamente, la doctora era encantadora y le dio por reírse mientras llamaba a la enfermera para que le pusiera una nueva escayola al pequeño.  Mi cara debía de ser un poema, porque de camino a la sala de curas, la enfermera me comentó que me quedara tranquila, que estaba en un hospital y tenían cardiólogo de guardia.  ¿Y alguna cama libre en psiquiatría no tendréis? Le pregunté.  Pero se rió.  ¿Pensó que era broma? ¿Por qué?

En resumidas cuentas, que no ha pasado nada grave, el niño está bien, pero enfadado con el mundo y frustrado porque solo puede hacer el cafre con tres extremidades, y su madre pensando en darse a la fuga.  La abuela dice que no ha pasado nada más porque el ángel de la guarda de Marcos hace horas extras con él.  Aunque lo que yo creo es que el pobre está a punto de pedir el traslado.  O una baja por depresión.

martes, 17 de junio de 2014

A jugaaarrrrr!!!!



Ahora mismo estoy sentada frente al ordenador mientras en mi cabeza hay dos coletas, tres trenzas, dos moñetes, un número indeterminado de pasadores de colores y, con toda seguridad, varias calvas.  Y no, no vengo de un peluquero new age ni he perdido del todo la cabeza, sino que he pasado la tarde jugando con mis hijos.  Y me siento como si me hubiera atropellado un camión: me duele la cabeza, por dentro y por fuera, después de intentar resolver un millón de acertijos sobre fútbol con mi niño y pegarme un par de horas sentada mientras mi niña me intentaba arrancar el cuero cabelludo, o según ella, me peinaba “para que estés aún más guapa, mami”, tengo agujetas en el cuello y las piernas, de estar toda la tarde sentada en el suelo con la cabeza torcida y me siento infinitamente vieja y joven a la vez después de ver que sus juegos son tan iguales y tan diferentes a los de mi infancia.

Y es lo que hay cuando tienes dos niños de la misma edad, pero tan diferentes entre sí, debes adaptarte.  El comentario habitual de mucha gente es: “buenoooooo, mucho mejor tú con los dos que yo con uno, porque lo tengo que estar entreteniendo todo el rato y los tuyos juegan juntos”.  En fin, que sí, que juegan juntos, pero eso implica varias modalidades:

a)      Juegan juntos en armonía, divirtiéndose y dejando a su pobre madre que haga alguna actividad productiva como ordenar la leonera que tiene por casa, ponerse al día con el curso que esté haciendo en ese momento, consultar algún tema relativo al trabajo o, incluso, ducharse en más de 5 minutos, o, ya el colmo del desenfreno, mirar al infinito en paz durante un rato (siendo generosos, el 10% de las veces)

b)     Empiezan jugando juntos, pero no se ponen de acuerdo en el juego al que jugar, o se hacen trampas, o se molestan todo lo que pueden , de forma que cada 5 minutos tengo que intervenir para intentar que no derriben a gritos el edificio o intervengan los geos (aproximadamente el 25% del tiempo).

c)      Se zurran y pelean alegremente desde el minuto uno y no pueden estar juntos en la misma habitación, ni tampoco separados, con lo cual igualmente tengo que intervenir para que no se maten (un 25% del tiempo que pasan juntos).

d)     Y la última, pero no menos importante: el 50% del tiempo restante quieren jugar con mamá.  Los dos.  A la vez.  A juegos distintos y de forma exclusiva.  

Y esta tarde ha sido una de esas últimas, así que, después de 8 horitas de curro y llegar a casa a las 5.30, me he visto sentada en el suelo del salón, con un niño al lado que me ponía su álbum de cromos de fútbol en las narices y una niña detrás, armada de cepillo, colonia, gomas y pasadores.  Por lo que, mientras intentaba adivinar de qué equipo era el escudo de fútbol que mi hijo me ponía delante, mi hija hacía que (o eso hubiera jurado yo) me sangraran los folículos a base de pegarme tirones y retorcerme mechones de pelo.  He de reconocerle el mérito, porque llevando el pelo de una longitud que apenas me roza los hombros, ha conseguido hacer una cantidad asombrosa de cosas con él.
Pero además, he conseguido sostener el kindle sobre las rodillas y leerme 4 capítulos del libro que tengo a medias.  Ja! Bien por mí!  Y es que, yo soy multimadre, ¿cuál es tu superpoder?

viernes, 6 de junio de 2014

Living la Vida Loca




Una de las cosas que aparecen en tu vida cuando eres madre, además de la falta de intimidad (recuerda, NUNCA MÁS estarás sola) es el estrés.  Pero el de verdad, no el que creías que tenías antes por el trabajo, la familia, la vida…nononononono, ahora llega la hora de la verdad, ilusa de ti.  Estrés que se incrementa exponencialmente si eres multimadre y además trabajas fuera de casa.  Ese estrés es un bonito cóctel de variados ingredientes:  prisa, culpabilidad, perfeccionismo, autoexigencia y la incapacidad de desdoblar el tiempo o estar en 4 sitios a la vez. 
Es queja o comentario habitual entre las madres que conozco, independientemente del número de hijos que tengan: “no llego”, “no me da tiempo a nada”, “estoy taaaan cansada”, “el día no tiene suficientes horas”.  Y yo no soy una excepción, si bien creo que últimamente voy llevándolo (un poco) mejor, gracias a la teoría del junco y al humor con el que siempre intento tomarme las cosas.  Pero como en otras ocasiones, os voy a enseñar alguna de las situaciones que más me estresan, para que veáis que “no estáis solas”:

-las mañanas de colegio: no falla, el fin de semana, mis hijos, sobre todo la niña, se levantan ellos solitos, sin protestar y preferentemente una hora o dos antes de lo que sus sufridos padres querrían.  Pero entre semana, el hechizo se rompe, de dos formas distintas, como no podría ser de otra manera:  la niña se levanta cuando le da la gana, normalmente antes de su hora (me ha salido madrugadora) y se dedica a revolotear por toda la casa haciendo de todo excepto desayunar, lavarse y vestirse.  El niño tarda una vida en levantarse, “es que tengo muuuucho sueño, mami”, sueño del que no hay ni rastro a la hora de acostarse, cuando tenemos que perseguirlo para meterlo en la cama a una hora decente.  Por supuesto, antes de desayunar hay que correr por la casa, jugar al fútbol, tirarse en el sofá y hacer cualquier cosa antes que sentarse a desayunar.  Con lo cual, por mucho que intente mantener la calma, lo habitual es que consigamos salir de casa a una hora decente, con los niños tan panchos, y los padres con el pulso disparado por el estrés de repetir mil veces lo mismo.  Y es que el método de “ya sabe lo que tiene que hacer y si no, hay consecuencias” requiere tiempo, y cuando tienes que llegar a una hora al trabajo y/o el cole, no sirve de mucho.

-te surge un imprevisto en el trabajo, o debes alargar tu horario por algo, con lo que tienes que pedir ayuda para que alguien recoja a tus niños del cole, a la abuela, una amiga o tu prima.  Sabes que los niños están bien, que seguramente no te echan nada de menos y que tu canguro ocasional sobrevivirá, pero aún así, la ansiedad te hace mirar la hora cada 5 minutos, y cuando al fin puedes salir, vuelas a casa y entras por la puerta preguntado: “¿Ha  ido todo bien? ¿Cómo se han portado?”.  Esto es extensible a situaciones que te llevan más tiempo del previsto, como por ejemplo, cuando tienes una cita médica y te hacen esperar más de la cuenta.  El nerviosismo y el mal genio pueden subir hasta límites insospechados.

-tienes que desplazarte con ellos en un autobús.  Si consigues asiento para ellos, la situación es más o menos manejable, pero si no, subir a un autobús atestado con dos niños pequeños puede ser una situación sumamente estresante.  Obviamente, son bajitos y hay gente que no los ve y corren el riesgo de ser espachurrados, con lo cual vas con 10 ojos y 6 manos intentando cogerlos y agarrarte, todo a la vez.  Lamentablemente, poca gente te cede un asiento para ellos, así que tienes que hacer equilibrios, que si además llevas el habitual bolso y alguna otra bolsa, llegan al nivel de funambulista de circo.  Súmale a eso dos niños activos que no paran de moverse, de jugar, de chincharse,de soltarse de su agarre y de preguntarte a grandes voces que por qué no se pueden sentar, mientras miran a su alrededor y la gente se hace la sueca.  Así que llegas a tu destino sudando, despeinada, con la mirada desquiciada y ganas de sentarte en el suelo y llorar.  Y ellos tan frescos.

-tienes que salir a cualquier evento, ya sea un cumpleaños infantil, una cena en casa de amigos o una boda, pero siempre con una hora pactada.  Y antes de salir de casa, cuando ya has conseguido que todo el mundo esté vestido, perfumado y peinado, incluida tú, los niños tienen: a) caca, b) pis, c)una sed insoportable, d) no pueden salir de casa sin un juguete determinado que, por supuesto, no está a la vista.  Y es imprescindible que el susodicho imprevisto urgente surja, preferentemente, cuando estás en el rellano esperando el ascensor.

-en casa, haciendo alguna tarea que no puedes interrumpir, una llamada importante al teléfono, estás subida a una escalera con algo frágil en las manos, con las manos llena de masa de croquetas o esperando que la web de la AEAT se desbloquee y por fin te de tu justificante de presentación de la renta.  O incluso, haciendo pis en uno de esos extraños y preciosos momentos en los que puedes hacerlo sola.  Y escuchas un grito desgarrador, un llanto inconsolable o un estruendo que hace temblar las paredes. Porque la ducha no cuenta, más de una vez he salido chapoteando a ver si se estaban matando.
Intuyes que no pasa nada grave, se están peleando por un juguete o se han atizado un porrazo, pero si no puedes acudir en un microsegundo, tus niveles de estrés se disparan.

Así que, ya sabéis, no estáis solas, todas hemos sentido alguna vez esa sensación de ahogo, pero no pasa nada.  Respirad hondo, sonreíd y sed un junco.

viernes, 9 de mayo de 2014

LO QUE NO ME CONTARON



Cuando anuncias al mundo que estas embarazada recibes todo tipo de comentarios, consejos y relatos que comienzan con “pues cuando yo estaba embarazada de…”.  Bueno, en nuestro caso, como madres de múltiples, además nos oímos todo tipo de comentarios, algunos más afortunados que otros, como por ejemplo, mis dos favoritos: “¿pero son naturales?”, como si antes no hubiera habido gemelos o ahora se hicieran de plástico, y “no sé si darte la enhorabuena o el pésame”, que directamente es para abofetear al interfecto.

Pues bien, a pesar de que te oyes de todo, hay ciertas cosas que no te cuentan.  Probablemente esto tenga su razón de ser, ya que si se contaran la verdad de algunas situaciones, a lo mejor la especie humana ya se habría extinguido.  O no, que los seres humanos somos muy de llevar la contraria, quién sabe.  Así que, para las valientes, procedo a relatar algunas situaciones de las que nadie me advirtió:

-Nadie me avisó que habría días en los que a las 8 de la tarde estaría tan cansada que solo querría sentarme en el suelo y llorar de puro agotamiento.

-Nadie me contó que un niño de 2 años en plena rabieta que no quiere sentarse en su sillita es como David el Gnomo, es decir, 7 veces más fuerte que tú.

-Nadie me dijo que tener niños significaba que, desde que aprendieran a gatear, nunca más podría volver a hacer pis sola.

-Nadie me avisó lo difícil que es sacarle los mocos a un bebé que no quiere que se los saquen.

-Nadie me advirtió que, cuando un bebé o niño pequeño ve acercarse una jeringuilla llenita de jarabe, se convierte en la niña del exorcista, capaz de morder aunque no tenga dientes, escupir, patalear, llorar y tirarte del pelo, todo a la vez.

-Nadie me dijo que la falta de sueño puede hacer que fantasees en mitad de la noche con huir a otro continente.

-Nadie me dijo lo difícil que es hacer que se quede quieto un niño que no quiere quedarse quieto.

-Nadie me avisó de que un bebé es capaz de expulsar el doble de alimento del que ingiere, sea por dónde sea.

-Nadie me dijo que yo iba a mutar de ser una melindrosa incapaz de ver una vomitona sin sentir arcadas, a una madre que recoge todo tipo de residuos de sus hijos con las manos.  Bueno, me lo dijeron, pero no lo creí!

-Nadie me dijo que hay días en los que tu marido se convierte en tu peor enemigo porque ha dormido 10 minutos más que tú.

También hay cosas que me contaron, pero que no fui capaz de entender totalmente hasta que nacieron mis niños:

-Me contaron que cuando ves la carita de tu bebé, te olvidas de todo lo que hayas podido pasar en el embarazo y el parto.  No te olvidas, al menos yo no, pero todo merece la pena, cobra sentido y volverías a pasarlo mil veces.

-Me contaron que te enamoras de tu bebé de una forma que deja pequeño cualquier sentimiento que hayas tenido antes.  Y no, no exageraban, nunca pensé que sería capaz de querer tanto a otro ser humano como a mis hijos.

-Me contaron que el mejor olor del mundo es el de la cabecita de un bebé, y es cierto, si se pudiera embotellar y vender, el que lo hiciera se haría de oro.

-Mi madre siempre me decía lo angustiada que se sentía si yo volvía 5 minutos tarde a casa, y siempre me decía que tuviera cuidado, y yo contestaba: “¿pero que me va a pasar?”  Ahora no puedo leer el periódico o ver un informativo sin aterrarme, y si pudiera, congelaría en el tiempo a mis hijos para que siempre tuvieran 6 años.



-Me contaron que no hay nada más bonito que un niño pequeño dormido.  Y estaban equivocados, lo más bonito son tus dos bebés dormidos y abrazados, podrías mirarlos durante horas.


Y es que nadie dijo que ser madre fuera fácil, y menos madre múltiple, pero todas las dificultades se hacen insignificantes cuando un par de bracitos pequeños te ciñen el cuello y escuchas: “te quiero, mami”.  Y cuando son dos pares de bracitos a la vez, el mundo se para.

EVA

lunes, 5 de mayo de 2014

Mi mundo entre superhéroes


Por si no era bastante aprender a ser mamá con todo lo que esto conlleva… ahora tengo muchísimo que estudiar, como hacía tiempo!! 
Empecé aprendiendo los dibujos de la tele.  Claro, en mi época sólo existían prácticamente los dibujos del fin de semana de después del “Telediario”… pero es que ahora hay dibujos las 24 horas… y en varios canales! 
Y cuando ya parecía que tenía dominados los del Disney Junior, con su Mickey y compañía (estos eran fáciles), Jake y los piratas (en mi casa ha habido auténtica devoción por estos dibujos!!!!), Henry el monstruo feliz , etc… no sé en qué momento empezaron a ver dibujos de otro canal y otra vez a estudiar!!!
Mis hijos son muy de “jugar” por la calle a dibujos de la tele… y entonces vamos paseando y te dicen “mamá, yo soy Rocky… tu quien quieres ser??” Ay madre, ya me he perdido… ¿y ese quién es? Y te miran con cara de… ¡¡cómo no puedes saberlo!!
Jugar a Dora Exploradora o El equipo Umizoomi eso está a la orden del día… incluso nos repartimos los papeles (lo cual a veces es complicado… mi marido ha llegado a ser directamente el “umi-coche”).  Y la verdad que funciona para que se entretengan y se rían a carcajadas, como cuando su padre imita al viejo troll de Dora Exploradora.  ¿¿Quién dijo vergüenza?? 
Ahora bien… estamos entrando en terrenos peligrosos: el mundo de los superhéroes.  Y aquí el papá tiene ventaja porque él se los sabe y es quien les enseña! Y claro, yo tengo que aprender al mismo tiempo si no quiero quedarme atrás… 
Para suerte o desgracia, vendieron durante una temporada en Mercadona unos huevos kínder con mini- superheróes dentro y tenemos una gran variedad… de los cuales me he tenido que aprender al menos el nombre.  Porque mis hijos vienen y me dicen mamá este quién es? Es bueno o malo?  O bien directamente… mamá me das a Lobezno? Uffffffffff y por descarte digo… tendrá que ser el amarillo! Y a veces hasta acierto. 
Ayer tuvimos un pequeño/gran drama cuando D perdió a Veneno en el parque... oh Dios Mío! Dónde encontramos ahora a otro Veneno... encima que ya me lo había aprendido!! 
En mi casa éramos dos hermanas:  Lo más cerca que estuve de un superhéroe en mi infancia fue de Superman y tampoco mucho… 
Y ella tiene ahora dos niñas y un mundo rosa a su alrededor y el mío está repleto de piratas, coches, balones… y superhéroes… 
Y me temo que esto no ha hecho nada más que empezar…
Mayte
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